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Autobiografia de un Yogui
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Capítulo Ocho

El Gran Científico Indio J. C. Bose

   “Los inventos de Jagadis Chandra Bose en radio preceden a los de Marconi”.

   Al oír por casualidad este sugestivo comentario, me acerqué a un grupo de profesores que caminaban por la acera entregados a una discusión científica. Si al unirme a ellos me movió el orgullo racial, lo lamento. No oculto mi vivo interés en demostrar que la India puede jugar un papel destacado en Física y no sólo en Metafísica.

   “¿Qué quiere usted decir, señor?”.

   El profesor lo explicó amablemente. “Bose fue el primero en inventar un cohesor y un instrumento para señalar la refracción de las ondas eléctricas. Pero el científico indio no explotó sus inventos comercialmente. Pronto llevó su atención del mundo inorgánico al orgánico. Sus revolucionarios descubrimientos como psicólogo de las plantas dejan atrás incluso a sus radicalmente innovadores éxitos como físico”.

   Di las gracias educadamente a mi mentor. Añadió, “El gran científico es mi colega en el Presidency College”.

   Al día siguiente visité al sabio en su casa, que estaba cerca de la mía en Gurpar Road. Le admirada desde hacía mucho tiempo a una respetuosa distancia. El grave y reservado botánico me recibió cortésmente. Era un hombre bien parecido, fuerte, en la cincuentena, de tupido pelo, frente amplia y los ojos ensimismados de un soñador. La precisión en su voz revelaba los hábitos de toda una vida de científico.

   “He regresado recientemente de una expedición a las sociedades científicas de Occidente. Sus miembros manifestaron gran interés por los delicados instrumentos de mi invención que demuestran la indivisible unidad de la vida1. El crescógrafo Bose tiene la enorme ampliación de diez millones. El microscopio aumenta sólo algunos miles de veces y aún así dio un ímpetu vital a la ciencia biológica. El crescógrafo abre perspectivas incalculables”.

   “Señor, ha hecho usted mucho por acelerar el abrazo de Oriente y Occidente en los impersonales brazos de la ciencia”.

Yogananda y Bose

          
“Me eduqué en Cambridge. ¡Qué admirable es el método occidental de someter toda teoría a la escrupulosa prueba experimental! Este procedimiento empírico ha ido de la mano del don de la introspección, que es mi herencia oriental. Juntos me han permitido romper el silencio largamente guardado por el reino natural. Las reveladoras gráficas de mi crescógrafo2 ponen en evidencia para los más escépticos que las plantas tienen un sistema nervioso sensible y una rica vida emocional. En las plantas las respuestas al amor, el odio, la alegría, el miedo, el dolor, el nerviosismo, el estupor e infinidad de estímulos, son tan universales como en los animales.


   “¡Profesor, antes de su advenimiento la vibración única de la vida en toda la creación podía parecer una fantasía poética! En una ocasión conocí a un santo que jamás arrancaba flores. ‘¿Podría robar al rosal la belleza que constituye su orgullo? ¿Podría ofender su dignidad con tan cruel despojo?’. ¡Sus comprensivas palabras han sido comprobadas literalmente gracias a sus descubrimientos!”.

   “El poeta tiene una estrecha relación con la verdad, mientras que el científico se acerca a ella torpemente. Venga algún día a mi laboratorio para ver el testimonio inequívoco del crescógrafo”.

   Acepté agradecido su invitación y me marché. Más tarde supe que el botánico había dejado el Presidency College y proyectaba crear un centro de investigación en Calcuta.

   Cuando se abrió el Bose Institute, asistí a los actos inaugurales. Cientos de personas entusiasmadas paseaban por los edificios. Quedé maravillado del simbolismo artístico y espiritual del nuevo hogar del científico. En la puerta de entrada vi una reliquia centenaria procedente de un lejano santuario. Detrás del estanque de lotos3, una escultura femenina con una antorcha expresaba el respeto indio por la mujer como portadora inmortal de la luz. El jardín tenía un pequeño templo consagrado al Noúmeno que está más allá del fenómeno. Si bien la incorporeidad divina era sugerida por la ausencia de imágenes.

   El discurso de Bose en esta ocasión de gala podía haber salido de los labios de alguno de los inspirados rishis antiguos.

   “Hoy consagro este Instituto no simplemente como un laboratorio sino como un templo”. Su reverente solemnidad se deslizó como un manto invisible sobre el auditorio abarrotado. “En el curso de mis investigaciones fui conducido a la frontera entre la Física y la Psicología. Con asombro vi que las líneas divisorias se desvanecían y surgían puntos de contacto entre el reino de lo vivo y lo no vivo. La materia inorgánica era considerada inerte; se estremecía bajo la acción de numerosísimas fuerzas.

   “Una reacción universal parecía someter el metal, las plantas y los animales a una ley común. Todos mostraban básicamente los mismos fenómenos de fatiga y depresión, con posibilidades de recuperación y júbilo, así como la permanente insensibilidad asociada a la muerte. Vivamente impresionado con estas generalizaciones extraordinarias, anuncié con gran esperanza mis resultados, demostrados con experimentos, a la Royal Society. Pero los psicólogos presentes me aconsejaron limitarme a las investigaciones físicas, en las que mis éxitos estaban asegurados, en vez de invadir su territorio. Sin darme cuenta me había metido en un desconocido sistema de castas y ofendido su protocolo.

   “Así mismo intervenía un prejuicio teológico inconsciente, que confunde la ignorancia con la fe. Con frecuencia se olvida que Aquel que nos rodea con este misterio en constante desarrollo de la creación, también ha implantado en nosotros el deseo de preguntar y comprender. Después de muchos años de incomprensión, llegué a saber que la vida de un devoto de la ciencia está inevitablemente llena de luchas interminables. A él le corresponde moldear su vida como una ferviente ofrenda, mirando la ganancia y la pérdida, el éxito y el fracaso, como una misma cosa.

   “Con el tiempo las más destacadas sociedades científicas mundiales aceptaron mis teorías y resultados y reconocieron la importancia de la contribución india a la ciencia4.

   ¿Podrá jamás algo pequeño o limitado satisfacer la mentalidad de la India? Gracias a una tradición siempre viva y a un vital poder de rejuvenecimiento, esta tierra se ha adaptado a innumerables transformaciones. Los indios han ensalzado siempre a quien, descartando el inmediato y absorbente precio del tiempo, han buscado la realización de los más altos ideales en la vida, no a través de la renuncia pasiva, sino de una lucha activa. El débil que rehuye el conflicto, al no conseguir nada no tiene nada a que renunciar. Sólo quien ha luchado y vencido puede enriquecer el mundo ofreciéndole los frutos de sus experiencias victoriosas.

   “El trabajo llevado ya a cabo en el laboratorio Bose sobre la respuesta de la materia y las inesperadas revelaciones sobre la vida de las plantas, ha abierto vastos territorios de investigación en Física, Fisiología, Medicina, Agricultura e incluso en Psicología. Problemas considerados hasta ahora insolubles, han sido llevados al campo de la investigación experimental.

   “Pero los grandes éxitos no se obtienen sin una exactitud rigurosa. De ahí la larga serie de aparatos e instrumentos supersensibles que he diseñado y que pueden observar en las vitrinas del hall de entrada. Ellos les hablan de los prolongados esfuerzos por llegar, tras la engañosa apariencia, a la realidad que permanece oculta; del continuo esfuerzo, persistencia e ingenio de que se hizo acopio para superar las limitaciones humanas. Todos los científicos creativos saben que el verdadero laboratorio es la mente, donde tras lo ilusorio dejan al descubierto las leyes de la verdad.

   “Las conferencias que se den aquí no serán meras repeticiones de conocimientos de segunda mano. Anunciarán nuevos descubrimientos, demostrados por primera vez en estas salas. Mediante la publicación regular del trabajo del Instituto, estas contribuciones indias llegarán a todo el mundo. Se convertirán en propiedad pública. Jamás se patentarán. El espíritu de nuestra cultura nacional exige que nos veamos siempre libres de la profanación de utilizar el conocimiento sólo para la ganancia personal.

   “Es mi deseo más ferviente que las instalaciones del Instituto estén disponibles, en la medida de lo posible, para los trabajadores de todos los países. En esto intento seguir las tradiciones de mi país. Hace veinticinco siglos la India recibía en sus antiguas universidades de Nalanda y Taxila a estudiosos de todo el mundo.

   “Aunque la ciencia no pertenece a Oriente ni Occidente sino que es universal, la India es especialmente adecuada para aportar grandes contribuciones5. La ardiente imaginación india, capaz de extraer un nuevo orden de una masa de hechos aparentemente contradictorios, es mantenida a raya por el hábito de la concentración. Este control confiere el poder de mantener a la mente en la persecución de la verdad con una infinita paciencia”.

   Las lágrimas afloraron a mis ojos con las últimas palabras del científico. ¿No es en verdad la “paciencia” un sinónimo de la India, que desconcierta tanto al Tiempo como a los historiadores?

   Volví a visitar el centro de investigación poco después de su inauguración. El gran botánico, teniendo presente su promesa, me llevó a su tranquilo laboratorio.

“Enfocaré el crescógrafo sobre este helecho; el aumento es tremendo. ¡Si el arrastrarse de un caracol se ampliara en la misma proporción, la criatura parecería moverse como un tren expreso!”.

   Mi mirada estaba ansiosamente fija en la pantalla que reflejaba la sombra ampliada del helecho. Los mínimos movimientos vitales eran ahora claramente perceptibles; la planta crecía muy despacio ante mis ojos fascinados. El científico tocó la punta del helecho con una pequeña barra metálica. La pantomima que estaba representándose se detuvo repentinamente, reanudando sus reveladores ritmos tan pronto como se retiró la barra.

   “Ha visto que cualquier ligera interferencia externa es perjudicial para los sensibles tejidos”, señaló Bose. “Observe, ahora le suministraré cloroformo y después le daré un antídoto”.

   El efecto del cloroformo interrumpía todo crecimiento; el antídoto era revivificante. Las señales evolutivas de la pantalla me tenían más embelesado que la trama de una “película”. Mi compañero (aquí en el papel de malo) introdujo un instrumento cortante en una parte del helecho; palpitaciones espasmódicas indicaron el dolor. Cuando pasó una navaja por una parte del tallo, la sombra se agitó violentamente, después se inmovilizó en el punto final de la muerte.

   “Gracias al cloroformo transplanté con éxito un árbol enorme. Generalmente, tales monarcas del bosque mueren rápidamente cuando se les mueve”. Jagadis sonreía feliz mientras contaba la maniobra de salvamento. “Las gráficas de mis delicados aparatos han demostrado que los árboles tienen un sistema circulatorio; los movimientos de su savia se corresponden con los originados por la presión sanguínea en el cuerpo animal. La ascensión de la savia no es explicable por los fundamentos mecánicos que generalmente se proponen, tales como la capilaridad. El crescógrafo ha arrojado luz sobre el fenómeno, mostrándolo como la actividad de células vivas. ¡Ondas peristálticas emitidas por un tubo cilíndrico que recorre el árbol y actúa como un auténtico corazón! Cuanto más profundamente comprendemos, más llamativa es la evidencia de que un plan uniforme liga todas las formas de la naturaleza múltiple”.

   El gran científico señaló otro instrumento Bose.

   “Le mostraré algunos experimentos sobre un trozo de estaño. La fuerza vital de los metales responde adversa o positivamente a los estímulos. Las marcas con tinta registrarán las distintas reacciones”.

   Profundamente absorto, observaba la gráfica en la que se registraban las ondas características de la estructura atómica. Cuando el profesor aplicó cloroformo al estaño, los registros de la vibración se detuvieron. Cuando el metal recobró lentamente su estado normal, recomenzaron. Mi compañero le administró un veneno químico. Simultáneamente al estremecedor final del estaño, la aguja escribió en la gráfica una dramática nota de muerte.

   “Los instrumentos Bose han demostrado que los metales, tales como el acero que se utiliza en las tijeras y la maquinaria, están sujetos a la fatiga y recuperan eficacia después de un tiempo de descanso. El pulso de la vida en los metales sufre daños serios e incluso se extingue con la aplicación de corrientes eléctricas o altas presiones”.

   Miré alrededor, observando los numerosos inventos, elocuente testimonio de un ingenio infatigable.

   “Señor, es lamentable que el desarrollo de la agricultura a gran escala no se acelere con el uso más amplio de sus maravillosos mecanismos. ¿No sería perfectamente posible emplear algunos de ellos en experimentos de laboratorio rápidos para indicar la influencia de distintos tipos de fertilizantes en el crecimiento de las plantas?”.

   “Tiene razón. Las generaciones futuras harán innumerables usos de los instrumentos Bose. El científico rara vez obtiene el reconocimiento de sus contemporáneos; es suficiente con tener la alegría de un servicio creativo”.

   Expresando al sabio mi gratitud sin reservas, me marché. “¿Podrá agotarse alguna vez la increíble fertilidad de su genio?”, pensé.

   Con los años no disminuyó en absoluto. Inventando un complejo instrumento, el “Cardiógrafo Resonante”, Bose prosiguió con investigaciones exhaustivas en innumerables plantas indias. Se sacó a la luz una enorme e insospechada farmacopea de medicamentos útiles. El cardiógrafo está construido con una precisión infalible, gracias a la cual la centésima parte de un segundo queda registrada en una gráfica. Registros resonantes miden pulsaciones infinitesimales en el organismo de las plantas, los animales y el ser humano. El gran botánico predijo que el uso de su cardiógrafo conduciría a la vivisección en plantas en vez de utilizar animales.

   “Registros paralelos de los efectos de un medicamento administrado simultáneamente a una planta y un animal, han mostrado una asombrosa unanimidad de resultados”, señaló. “Todo lo humano ha sido prefigurado en las plantas. La experimentación vegetal contribuirá a disminuir el sufrimiento humano”.

   Años más tarde, los pioneros descubrimientos de Bose en las plantas fueron corroborados por otros científicos. El trabajo realizado en 1938 en la Universidad de Columbia fue presentado así por The New York Times:

   En los últimos años se ha determinado que cuando los nervios transmiten    mensajes entre el cerebro y otras partes del cuerpo, se generan    minúsculos impulsos eléctricos. Estos impulsos se han medido con    delicados galvanómetros y ampliado millones de veces con los modernos    aparatos de aumento. Hasta ahora no se habían encontrado métodos    satisfactorios para estudiar el paso de los impulsos por las fibras nerviosas    en animales vivos o en el hombre a causa de la gran velocidad a la que    viajan esos impulsos.

   Los doctores K. S. Cole y H. J. Curtis informan que han descubierto que    las largas y simples células de la planta de agua dulce nitella, utilizada    frecuentemente en las peceras de peces de colores, son prácticamente    idénticas a las fibras nerviosas individuales. Todavía más, han descubierto    que las fibras de nitella, al ser excitadas, propagan ondas eléctricas    similares en todo, excepto en la velocidad, a las de las fibras nerviosas de    los animales y el hombre. Se ha visto que los impulsos nerviosos de las    plantas son mucho más lentos que los de los animales. Por ello este    descubrimiento fue aprovechado por los trabajadores de Columbia para    tomar imágenes a cámara lenta del paso de los impulsos nerviosos por los    nervios.

   Así pues la planta nitella puede convertirse en una especie de piedra    Rosetta para descifrar los secretos celosamente guardados sobre la zona    fronteriza entre la materia y el espíritu.

   El poeta Rabindranath Tagore era un fiel amigo del idealista científico de la India. A él le dedicó el dulce cantor bengalí los siguientes versos:6

   Oh, eremita, llama con las auténticas palabras
   De aquel antiguo himno titulado Sama, “¡Levántate!, ¡Despierta!”.
   Llama al hombre que alardea de su saber shástrico
   En vanas y pedantes discusiones inútiles.
   Llama a ese insensato fanfarrón para que salga
   A la naturaleza, a esta ancha tierra.
   Envía esta llamada a tu banda de eruditos.
   Que se reunan todos en torno a tu fuego sacrifical.
   Para que nuestra India,
   Nuestra vieja tierra vuelva en sí.
   Oh, para que vuelva al trabajo firme,
   Al deber y la devoción, al trance
   De la meditación sincera; para que se siente
   Una vez más serena, sin codicia, sin conflictos, pura,
   Oh, de nuevo sobre su elevado sitial
   Y estrado, maestra de todas las naciones.



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1 “Toda ciencia o es trascendental o desaparece. Actualmente la botánica está desarrollando la teoría correcta, dentro de poco los avatares de Brahma serán los libros de texto de la historia natural”. Emerson Volver

2 De la raíz latina crescere, aumentar. A Bose se le concedió el título de Sir en 1917 por el crescógrafo y otros inventos. Volver

3 La flor de loto es un antiguo símbolo divino de la India; sus pétalos desplegados sugieren la expansión del alma; el hecho de que su belleza pura crezca del fango contiene una benévola promesa espiritual. Volver

4 “Actualmente sólo la más pura casualidad lleva a la India al ámbito de los estudios universitarios americanos. Ocho universidades (Harvard, Yale, Columbia, Johns Hopkins, Pennsylvania, Chicago y California) tienen cátedras de Estudios Índicos o Sánscrito, pero la India prácticamente carece de representación en los departamentos de Historia, Filosofía, Artes, Ciencia Política, Sociología y muchos más departamentos de experiencia intelectual en los que, como hemos visto, ha hecho grandes aportaciones… Como consecuencia creemos que ningún departamento, especialmente en humanidades, de ninguna de las principales universidades, estará totalmente equipado sin especialistas cualificados en las etapas índicas de su disciplina. Creemos también que todas las universidades que declaran preparar a sus graduados para un trabajo inteligente en el mundo en que viven, deben tener un grupo de estudiosos competente en la civilización de la India”. Extractos de un artículo del Profesor W. Norman Brown, de la Universidad de Pennsylvania, aparecido en Mayo de 1939, en el Bulletin de la American Council of Learned Societes, 907 15th St., Washington D.C., 25ø copy. Este número (#28) contiene más de 100 páginas de “Bibliografía Básica para Estudios Índicos”. Volver

5 La estructura atómica de la materia era bien conocida por los antiguos hindúes. Uno de los seis sistemas de la Filosofía india es Vaisesika, de la raíz sánscrita visesas, “individualidad atómica”. Uno de los máximos exponentes de Vaisesika fue Aulukya, también llamado Kanada, “el comedor de átomos”, nacido hace unos 2800 años.

En un artículo de East-West, Abril 1934, un resumen del conocimiento científico de Vaisesika decía lo siguiente:

“Aunque la moderna ‘teoría atómica’ se considera generalmente un nuevo avance de la ciencia, fue expuesta brillantemente hace mucho tiempo por Kanada, “el comedor de átomos”. La traducción correcta del sánscrito anus es ‘átomo’ en el sentido literal griego de éste como ‘uncut’ o indivisible. Otras exposiciones de tratados Vaisesika anteriores a Cristo incluyen (1) el movimiento de las agujas hacia un imán, (2) la circulación del agua en las plantas, (3) el akash o éter, inerte y sin estructura, como el medio de transmisión de fuerzas sutiles, (4) el fuego del sol como la causa de todas las demás formas de calor, (5) el calor como la causa de los cambios moleculares, (6) la ley de la gravedad como originada por la característica de los átomos terrestres que les confiere el poder de atracción y repulsión, (7) la naturaleza cinética de la energía; la causalidad como debida siempre a un gasto energético o una redistribución del movimiento, (8) la disolución universal a través de la desintegración de los átomos, (9) la radiación del calor y los rayos de luz como partículas infinitamente pequeñas, que se precipitan en todas direcciones a una velocidad inconcebible (la moderna teoría de los “rayos cósmicos”), (10) la relatividad del tiempo y el espacio.

Vaisesika asignaba el origen del mundo a los átomos, eternos en su naturaleza, es decir en sus rasgos fundamentales. Se consideraba que estos átomos tenían un movimiento vibratorio incesante… El reciente descubrimiento de que un átomo es un sistema solar en miniatura no sería nuevo para los viejos filósofos de Vaisesika, que también reducían el tiempo a su concepto matemático último, describiendo la unidad de tiempo más pequeña (kala) como el tiempo que tarda un átomo en atravesar su propia unidad de espacio”. Volver

6 Traducido del bengalí de Rabrindanath Tagore al inglés por Mammohan Ghosh en Viswa-Bharati. Volver

 
         
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